Durante casi 50 años, hemos acompañado y atendido a miles de familias, entregando un tratamiento integral de la fisura labiopalatina.
Sabemos que el camino de la fisura labiopalatina puede generar dudas e incertidumbre, especialmente al inicio. Por eso, queremos que conozcas las voces de quienes han transitado este proceso con nosotros: familias, pacientes y profesionales que hoy son parte de nuestra gran comunidad.
Testimonios destacados
En Fundación Gantz, más de 16 especialidades trabajan de manera coordinada para que miles de niños vuelvan a sonreír, y esa colaboración es la clave de nuestro éxito. Pero ¿cómo se vive este proceso desde el otro lado?
Un hermoso testimonio de un paciente de nuestra fundación. Actualmente Amaro tiene 12 años y ya lleva más de 5 cirugías y 60 atenciones con nuestros especialistas. Conoce la historia de Amaro.
Vicente ha sido uno de nuestros pacientes de Fundación Gantz y él, como muchos de nuestros niños, hoy vuelve a sonreír. Conoce su historia y la de su familia.
Hoy Exequiel y su familia han vuelto a sonreír gracias a toda la ayuda y el apoyo que nuestra fundación le ha entregado. Juan José, otro ex-paciente, nos comparte su experiencia. Conoce la historia de ambos.
Testimonio de Paulina y Felipe, padres de una paciente de Fundación Gantz. Al momento del parto, ellos no sabían que su hija nacería con una malformación. Conoce la historia de Anais.
Hace 34 años Olfa Muñoz tuvo una hija con fisura llamada Camila. Hoy Camila es madre de un niño con fisura, Julián.
En 1990, después de un proceso de trabajo de parto muy complejo que duró cinco días, mi hija Camila nació por cesárea en el Hospital Militar. Durante la operación escuchaba a los médicos conversar entre ellos, pero cuando sacaron a mi hija de pronto se quedaron en silencio. Pregunté por mi guagua, imaginando que quizás estaba muerta. Me dijeron que estaba bien, pero que se la tenían que llevar porque el cordón umbilical le estaba obstruyendo el aire. No me la mostraron y yo me quedé muy preocupada por mi bebé.
Después de unas horas que se hicieron eternas, vinieron dos médicos a contarme que la niña estaba sana, pero que venía con una fisura desde el labio hasta la nariz. La sorpresa fue tremenda y lloré mucho. Yo tenía 23 años, era mamá primeriza y desconocía totalmente esta malformación. En la mañana por fin me trajeron a mi guagüita, que estaba llorando. La puse en mi pecho e inmediatamente se calmó. Sentí que me inundaba de amor y que haría todo por ella. Tuve que ser mamá sola, porque mi marido no quiso asumir como papá y nos abandonó a los pocos meses.
Me pasó una tarjeta. “Cuando te mejores de tu cesárea lleva a la niña. Mientras antes empecemos, mejor”, me dijo. Así partió mi historia con la Fundación Gantz, a la que le tengo un amor muy profundo y que he visto crecer y transformarse durante 34 años. Los primeros tratamientos de Camila fueron en la antigua casita de Providencia y su primera cirugía de labio, a los tres meses, fue con el doctor Jorge Rojas, que era el director médico. En total Camila tuvo nueve operaciones. Desde pequeña fue una niña feliz y ahora es psicóloga, se dedica a recursos humanos y reclutamiento de personas.
Viví este proceso como madre y ahora como abuela, porque mi nieto Julián nació con fisura labial. Por su compromiso humano, hay gente de la Fundación que permanece durante mucho tiempo en sus funciones y nos encontramos con enfermeras, anestesistas y otros profesionales que atendieron a mi hija cuando niña y ahora atienden a mi nieto.
Julián ahora tiene un año y ocho meses y es un niño muy alegre. Los avances de la medicina han sido notorios. A los tres meses y medio le cerraron el labio y le operaron la nariz en una misma intervención. Cuando Camila era guagua eso se hacía por separado. Mi nieto hoy no tiene ninguna marca visible y su nariz quedó maravillosa. En este largo trayecto con tres generaciones de la familia, ha sido un alivio saber que esta Fundación existe y que nos acompaña en cada paso.
— Olfa Muñoz, 57
Viví este proceso como madre y ahora como abuela,
porque mi nieto Julián nació con fisura labial. Por su
compromiso humano, hay gente de la Fundación que
permanece durante mucho tiempo en sus funciones y
nos encontramos con enfermeras, anestesistas y otros
profesionales que atendieron a mi hija cuando niña y
ahora atienden a mi nieto.
Olfa Muñoz
, 57 años
Santiago, Región Metropolitana
Destacar, no esconder
Beatriz Palma nació con fisura labiopalatina. Tras su tratamiento, se convirtió en maquilladora y hoy acompaña a otros a reconciliarse con su piel.
Nací con fisura labiopalatina y me han operado más de 11 veces. Realicé mi tratamiento en la Clínica Alemana pero con los médicos de la Fundación Gantz. Como mi mamá era dama voluntaria, yo participaba de las colectas y actividades de fin de año.
En la enseñanza media pasé casi todas las vacaciones recuperándome de intervenciones quirúrgicas; durante mis primeros 20 años tuve que lidiar con la incertidumbre de no saber cómo iba a quedar, de perder un poco esa noción de identidad cuando cambiaba mi rostro. Me tomó mucho tiempo aprender que la confianza en uno mismo está en no dejar que una condición o un defecto te defina y elegir hacer algo que te ayude y que te empodere.
El tratamiento provocó diversas consecuencias en mi piel, como cicatrices e hipersensibilidad. Desde muy joven empecé a esconder estas imperfecciones con maquillaje, pero con los años entendí que podía ser una manera de destacar lo que más me gustaba de mí, como mis ojos. Después de titularme como arquitecta, decidí convertirme en make up artist y lo conseguí.
Sin embargo, el efecto terapéutico de potenciar las virtudes a través del maquillaje se diluía muy rápido y quise probar alternativas más permanentes para mis clientes. Encontré la micropigmentación paramédica, que me ayuda a reconstruir con pigmentos diferentes afecciones de la piel.
En 2010, después de escribir un blog sobre mis experiencias, la Fundación me pidió que diera algunas charlas. Ellos me dieron ese empuje extra para sacar la voz y contar lo que había significado para mí nacer con una fisura. Empecé a compartir mis vulnerabilidades y asumí mi rol como vocera de la Fundación Gantz, un lugar de contención para pacientes con fisuras y con un grupo humano dispuesto a acompañarte. Ellos me tiraron a la piscina y me ayudaron a encontrar mi vocación.
Hoy puedo decir que le tengo mucho cariño a mi cicatriz por todos los aprendizajes que me ha dado, como la resiliencia y el amor propio. Cuando me maquillo, no me detengo en ella, sino que la asumo como otra parte mía.
— Beatriz Palma, 43
En 2010, después de escribir un blog sobre mis experiencias, la Fundación me pidió que diera algunas charlas. Ellos me dieron ese empuje extra para sacar la voz y contar lo que había significado para mí nacer con una fisura. Empecé a compartir mis vulnerabilidades y asumí mi rol como vocera de la Fundación Gantz, un lugar de contención para pacientes con fisuras y con un grupo humano dispuesto a acompañarte. Ellos me tiraron a la piscina y me ayudaron a encontrar mi vocación.
Beatriz Palma
, 43 años
Santiago, Región Metropolitana
¿Te interesa agendar una hora de atención con nuestros especialistas?